Partir

Enfrentado a mis demonios
contemplo como se derriten las últimas nieves del invierno
Mi alma serena quiere dejar de vivir entre los hombres
para habitar entre los dioses

Entre dos grandes montañas se abre un sendero que conduce a la cumbre
No cesa el rumor de las cristalinas aguas del deshielo corriendo en derredor
La flauta da la adecuada réplica a los sonidos circundantes
y mi espíritu se eleva al encuentro con la Unidad

Tranquilo, sin ansiedad, asciendo por un largo desfiladero
No me inquieta el peligro que se esconde en las anchas sombras heladas
Aquí los amantes no son sino recuerdos vagos
de un pasado lejano
que abandoné al sobrepasar aquellas oquedades donde anidaban las águilas

A Oriente, a Oriente...no paraban de decir los profetas y los místicos

A Oriente, junto a los dorados templos de Kahurajo
A Oriente, donde se levantan las cumbres de los Himalayas

Allí, donde dejaste la verdad escondida y desnuda de tu alma
En Varanasi, donde se elevan los espíritus
En Manchuria, donde galopan tus caballos
En Jerusalem, donde se escribe tu leyenda